A veces me pregunto por qué mi vida está llena de mentiras?
Me cansé de ser honesta y que nadie me pague con la misma moneda.
~*
La retorcida mente de Hika es eso...un poco de locura, un poco de poesía, un poco de todo ♥
miércoles, 30 de abril de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
Puro Odio
Quiero mandar a todo el puto mundo a la mierda y desearle la peor de las peores muertes, tan mal está?
~*
~*
martes, 15 de abril de 2014
Outburst
Desesperada. No puedo explicarlo de otra forma.
Desesperada e increíblemente dolida.
No se que hacer.
Necesito dormir, pero ni así consigo paz.
Que hago? Cómo?
Duele. Duele mucho.
Intenté mentalizarme, juro que intento e intento estar tranquila.
Pero duele más de lo que puedo soportar.
~*
Destruída es poco.
Desesperada e increíblemente dolida.
No se que hacer.
Necesito dormir, pero ni así consigo paz.
Que hago? Cómo?
Duele. Duele mucho.
Intenté mentalizarme, juro que intento e intento estar tranquila.
Pero duele más de lo que puedo soportar.
~*
Destruída es poco.
martes, 8 de abril de 2014
Off Topic
Hay veces que la vida te demuestra cuan equivocado estás y no sabes cómo asumirlo. Te susurra al oído que, por más preparado que estés para la verdad, o para lo inevitable, no importa. Duele igual.
No hay curas milagrosas para el dolor. Y hay cosas que no cambian con el tiempo.
Podés convencerte de que tocaste fondo...pero siempre, SIEMPRE podés ir más abajo. Y por más resignado que estés...duele exactamente igual.
Y te das cuenta que, con cada herida te haces más fuerte...por fuera. Que podés sonreír en tu peor momento, pero eso no impide que te estés cayendo a pedazos. Y ahí distinguís que las primeras ilusiones de amor juvenil duelen y te marcan de por vida...pero nada se compara con el deseo roto de una mujer más adulta, con la pérdida de ese amor en el que realmente se apostaba la vida, en el que se planeaba un futuro en común.
Pero no dejás de creer en el amor...simplemente empezás a creer que...no es para vos. Y no importa cuánto ames...no siempre es suficiente.
La vida te enseña que, por más que quieras gritar a los cuatro vientos millones de cosas atoradas, llega un momento en que no hay palabras, y que aunque creas que no podés llorar más, las lágrimas son infinitas.
Se aprende que por más orgullo que poseas, en algún momento vas a actuar de la manera más patética inimaginable. Y ese mismo orgullo va a torturarte día a día por tu osadía de tan bajo proceder.
Te enseña que no hay ironía más grande que necesitar de los brazos de esa persona que más te lastima. Que los malos momentos no son los que duelen, pero no podés evitar llorar cada uno de los buenos. Y que cada palabra dicha...se va con el viento. Porque no importa. (¿Dónde quedaron todos los "te amo"?)
Entonces comprendés que de amor nadie se muere...ni de desamor. Pero a la vez morís un poco día a día, noche a noche, sólo para revivir al día siguiente y pasarlo de nuevo.
Que a veces todo, realmente TODO tu esfuerzo, no sirve para nada. Porque intentar no es conseguir. Ni cerca de lograr.
Se te abren los ojos a verdades que sabías y no aceptabas. Perder a un ser querido es lo más doloroso del mundo...que el consuelo de "está en un lugar mejor" no es consuelo. Pero perder a un ser querido y seguir viéndolo día a día, es mucho más cruel. Y que siempre se puede ser más masoquista...
Y que aunque tengas amigos, en el dolor estás solo. Porque NADIE puede ayudarte. Sólo te tenés a vos mismo, y aunque te abraces fuerte, nada te calmaría más que un abrazo de otros brazos. Y cuando los necesites, no van a estar. Y hay veces que, aunque llores rodeado de gente, podés ser invisible.
Se aprende que hay sollozos que son mudos, y que hay veces en que tenés que morderte la lengua para que no se oigan. Pero las lágrimas en silencio suelen ser las más dolorosas. Y las noches sin dormir pesan.
La vida te enseña cosas que no querés aprender, y te las enseña de la peor/mejor manera.
Viviéndolas.
Así y todo, aprendés que al único lugar que podes ir es: adelante. Y es el lugar que más duele. Porque mucho de lo que querías, de lo que creías...está atrás.
Y tenés que dejar ir.
Y tenés que aprender a vivir. A vivir con lo bueno.
A vivir con lo malo.
Con eso que no vas a olvidar aunque te tortures por no pensarlo.
Cargando decisiones ajenas que odiás, pero no hay de otra. Hay que aceptarlo. Así como tus decisiones condicionan las vidas ajenas, las ajenas condicionan las tuyas.
Y en la vida, no siempre podés elegir. A veces el camino que tenes que recorrer no es exactamente el que querías.
E incluso cuando crees no tener más esperanza...en el fondo, muy en el fondo...siempre un poco de ella se arraiga.
Y también te duele perderla, aunque hasta ese instante en que la reconociste no sabías que estaba allí.
~*
Escribo esto porque hoy se murió una parte muy importante de mi vida y siempre me va a dejar un vacío que no voy a poder llenar. No se cuantas noches me quedan por llorarte, pero no puedo mentirme, recién empiezo a hacer mi duelo...
No hay curas milagrosas para el dolor. Y hay cosas que no cambian con el tiempo.
Podés convencerte de que tocaste fondo...pero siempre, SIEMPRE podés ir más abajo. Y por más resignado que estés...duele exactamente igual.
Y te das cuenta que, con cada herida te haces más fuerte...por fuera. Que podés sonreír en tu peor momento, pero eso no impide que te estés cayendo a pedazos. Y ahí distinguís que las primeras ilusiones de amor juvenil duelen y te marcan de por vida...pero nada se compara con el deseo roto de una mujer más adulta, con la pérdida de ese amor en el que realmente se apostaba la vida, en el que se planeaba un futuro en común.
Pero no dejás de creer en el amor...simplemente empezás a creer que...no es para vos. Y no importa cuánto ames...no siempre es suficiente.
La vida te enseña que, por más que quieras gritar a los cuatro vientos millones de cosas atoradas, llega un momento en que no hay palabras, y que aunque creas que no podés llorar más, las lágrimas son infinitas.
Se aprende que por más orgullo que poseas, en algún momento vas a actuar de la manera más patética inimaginable. Y ese mismo orgullo va a torturarte día a día por tu osadía de tan bajo proceder.
Te enseña que no hay ironía más grande que necesitar de los brazos de esa persona que más te lastima. Que los malos momentos no son los que duelen, pero no podés evitar llorar cada uno de los buenos. Y que cada palabra dicha...se va con el viento. Porque no importa. (¿Dónde quedaron todos los "te amo"?)
Entonces comprendés que de amor nadie se muere...ni de desamor. Pero a la vez morís un poco día a día, noche a noche, sólo para revivir al día siguiente y pasarlo de nuevo.
Que a veces todo, realmente TODO tu esfuerzo, no sirve para nada. Porque intentar no es conseguir. Ni cerca de lograr.
Se te abren los ojos a verdades que sabías y no aceptabas. Perder a un ser querido es lo más doloroso del mundo...que el consuelo de "está en un lugar mejor" no es consuelo. Pero perder a un ser querido y seguir viéndolo día a día, es mucho más cruel. Y que siempre se puede ser más masoquista...
Y que aunque tengas amigos, en el dolor estás solo. Porque NADIE puede ayudarte. Sólo te tenés a vos mismo, y aunque te abraces fuerte, nada te calmaría más que un abrazo de otros brazos. Y cuando los necesites, no van a estar. Y hay veces que, aunque llores rodeado de gente, podés ser invisible.
Se aprende que hay sollozos que son mudos, y que hay veces en que tenés que morderte la lengua para que no se oigan. Pero las lágrimas en silencio suelen ser las más dolorosas. Y las noches sin dormir pesan.
La vida te enseña cosas que no querés aprender, y te las enseña de la peor/mejor manera.
Viviéndolas.
Así y todo, aprendés que al único lugar que podes ir es: adelante. Y es el lugar que más duele. Porque mucho de lo que querías, de lo que creías...está atrás.
Y tenés que dejar ir.
Y tenés que aprender a vivir. A vivir con lo bueno.
A vivir con lo malo.
Con eso que no vas a olvidar aunque te tortures por no pensarlo.
Cargando decisiones ajenas que odiás, pero no hay de otra. Hay que aceptarlo. Así como tus decisiones condicionan las vidas ajenas, las ajenas condicionan las tuyas.
Y en la vida, no siempre podés elegir. A veces el camino que tenes que recorrer no es exactamente el que querías.
E incluso cuando crees no tener más esperanza...en el fondo, muy en el fondo...siempre un poco de ella se arraiga.
Y también te duele perderla, aunque hasta ese instante en que la reconociste no sabías que estaba allí.
~*
Escribo esto porque hoy se murió una parte muy importante de mi vida y siempre me va a dejar un vacío que no voy a poder llenar. No se cuantas noches me quedan por llorarte, pero no puedo mentirme, recién empiezo a hacer mi duelo...
miércoles, 2 de abril de 2014
Avada Kedavra!!
Todo había terminado. Todo. Ya.
Veía su mano extendida, impoluta, increíblemente blanca y limpia.
Por el contrario ella sabía que no era así. Que esa piel suave y fría debería sentirse cálida de sangre, húmeda y viscosa.
Que sus impecables uñas deberían verse asquerosas y llenas de pútrida carne. Pues a pesar de que no podía verse más que un par de saltaduras en su esmaltado llamativo, ella sabía que era una falsa ilusión. Que en sus manos llevaba la muerte misma. Que jamás hubiese tocado un sólo cabello suyo, no significaba que estaba realmente limpia.
Su conciencia lloraba en silencio. Debía reconocer que atrás de sus ojos sentía una especie de escozor, pero por algún extraño motivo, no había lágrimas para llorar.
Al menos ya no...
El tiempo de lágrimas había pasado. El momento de autocompasión, las lágrimas, el dolor...la agonía. Todo, todo había pasado. Ya no estaba.
Iba a sufrir ella su muerte? No, por supuesto que no. Ella quería vivir con su muerte, con ese pinchazo en el costado, con eso que le recordaría día a día cuánto lo había amado y cuánto le dolió haberlo perdido.
Con un firme movimiento de su mano había matado hasta el último de sus recuerdos y había enterrado los restos en el rincón más hondo de su subconsciente. Sabía que allí no iba a perderlo. Sabía que ya lo había perdido.
Lo había matado con uñas y dientes, destrozándolo, desgarrando...y a su vez, podía concebirlo tan vivo y tan lejos como siempre.
Ella estaba limpia. Él estaba vivo y muerto.
Ella veía todo verde, borroso.
Deshacerse de él fue casi tan doloroso y tan sencillo como lanzar un Avada Kedavra.
~*
Veía su mano extendida, impoluta, increíblemente blanca y limpia.
Por el contrario ella sabía que no era así. Que esa piel suave y fría debería sentirse cálida de sangre, húmeda y viscosa.
Que sus impecables uñas deberían verse asquerosas y llenas de pútrida carne. Pues a pesar de que no podía verse más que un par de saltaduras en su esmaltado llamativo, ella sabía que era una falsa ilusión. Que en sus manos llevaba la muerte misma. Que jamás hubiese tocado un sólo cabello suyo, no significaba que estaba realmente limpia.
Su conciencia lloraba en silencio. Debía reconocer que atrás de sus ojos sentía una especie de escozor, pero por algún extraño motivo, no había lágrimas para llorar.
Al menos ya no...
El tiempo de lágrimas había pasado. El momento de autocompasión, las lágrimas, el dolor...la agonía. Todo, todo había pasado. Ya no estaba.
Iba a sufrir ella su muerte? No, por supuesto que no. Ella quería vivir con su muerte, con ese pinchazo en el costado, con eso que le recordaría día a día cuánto lo había amado y cuánto le dolió haberlo perdido.
Con un firme movimiento de su mano había matado hasta el último de sus recuerdos y había enterrado los restos en el rincón más hondo de su subconsciente. Sabía que allí no iba a perderlo. Sabía que ya lo había perdido.
Lo había matado con uñas y dientes, destrozándolo, desgarrando...y a su vez, podía concebirlo tan vivo y tan lejos como siempre.
Ella estaba limpia. Él estaba vivo y muerto.
Ella veía todo verde, borroso.
Deshacerse de él fue casi tan doloroso y tan sencillo como lanzar un Avada Kedavra.
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miércoles, 19 de marzo de 2014
Lost in...you
Sentiste alguna vez lo que es perderse en alguien? Sentir su toque y...darte cuenta que estás en casa? Que no hay otro lugar dónde realmente quieras estar...no hay otro lugar al que perteneces, dónde encajes sencilla y perfectamente?
Es exactamente lo que sucede cuando estoy en tus brazos.
Vuelvo a casa.
A mi hogar.
Aunque sentirte tan hondo en mí es una exquisita y dolorosa agonía, no existe nada más perfecto que estar rodeada por tu piel, tus brazos abrazándome fuerte, y tu respiración agitada chocando con mis jadeos.
Porque no existe otro lugar al que pertenezca.
Porque con todas mis fuerzas, no quiero estar en ningún otro lugar que en ti.
~*
Porque sólo puedo demostrarte todo mi amor....siempre.
jueves, 13 de marzo de 2014
Imperio!
Había perdido su voluntad.
Se lo repetía una y otra vez, incluso a los gritos.
Pero nada podía hacer con ello.
Como si de un Imperio se tratase, perdía todo contacto con ella misma, su voluntad, su fuerza.
Y ni siquiera que fuera un maldito conjuro.
O tal vez lo era...
Sólo sabía que, instintivamente, toda la furia que sentía, todas las palabras que se decía segundo a segundo, quedaban relegadas en el fondo más oscuro de su cabeza. Entonces ésta, nuevamente, se llenaba de él.
Se veía reducida a él...simplemente. En el cómo, cuándo, dónde...en cuantas veces él respiraba.
A veces era con palabras...otras simplemente por presencia. Y otras...y se sentía tan estúpida una vez pasase el efecto...otras tan sólo por meros recuerdos.
Todo era él. Toda ella era él. Por minutos, horas, días...toda la vida. No podía escapar de ello. Lo intentaba, claro que lo intentaba!
Pero su voluntad; oh! Voluble voluntad!; era mucho más débil que el hipnotismo de unos penetrantes ojos marrones.
~*
Se lo repetía una y otra vez, incluso a los gritos.
Pero nada podía hacer con ello.
Como si de un Imperio se tratase, perdía todo contacto con ella misma, su voluntad, su fuerza.
Y ni siquiera que fuera un maldito conjuro.
O tal vez lo era...
Sólo sabía que, instintivamente, toda la furia que sentía, todas las palabras que se decía segundo a segundo, quedaban relegadas en el fondo más oscuro de su cabeza. Entonces ésta, nuevamente, se llenaba de él.
Se veía reducida a él...simplemente. En el cómo, cuándo, dónde...en cuantas veces él respiraba.
A veces era con palabras...otras simplemente por presencia. Y otras...y se sentía tan estúpida una vez pasase el efecto...otras tan sólo por meros recuerdos.
Todo era él. Toda ella era él. Por minutos, horas, días...toda la vida. No podía escapar de ello. Lo intentaba, claro que lo intentaba!
Pero su voluntad; oh! Voluble voluntad!; era mucho más débil que el hipnotismo de unos penetrantes ojos marrones.
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miércoles, 12 de marzo de 2014
Crucio!
El fuego ardía abrazador. La consumía por dentro. Miles, millares de agujas cruzaban su carne. Agujas. Cuchillos.
Vidrios rotos.
Tachuelas.
Hierro.
Fierro.
Objetos corto/punzantes a diestra y siniestra.
Entraban y salían, desgarrando una y otra vez la carne deshecha a su paso. Una y otra vez.
Y por si acaso no cabiera más dolor...los gritos desgarradores en sus tímpanos. Una voz tan agónica, tan...suplicante...tan aguda, que casi no parecía suya. Al menos...no podía reconocerla por si misma.
Sin embargo, sabía que sus labios estaban sellados, que su torturada e irreconocible voz, no había cruzado siquiera su garganta.
Sus ojos, increíblemente, no se habían movido de los marrones que la atormentaban. A pesar del dolor...de las miles y millones de aplanadoras que aplastaban cada rincón de su cuerpo mutilado, quemado.
Los huesos rotos, increíblemente sanos. La piel arrancada de cuajo, recubriendo al completo sus destrozados músculos, que sin embargo no habían recibido un sólo golpe.
Algún rinconcito de su mente recordaba que nada de ello era real. Pero se sentía tan real. Debía de serlo...al menos, en alguna forma.
Pero por otro lado, al mantener sus ojos fijos, inmóviles, sabía que no importaba si era real o no. Si sus órganos estallaban realmente y sus vísceras se esparcían por allí. Seguiría todo siendo igual.
Al fin y al cabo, una sola palabra pronunciada por un par de labios y el frío aterrador de esos ojos marrón profundo, era suficiente.
Era incluso peor que un billón de crucios.
~*
Vidrios rotos.
Tachuelas.
Hierro.
Fierro.
Objetos corto/punzantes a diestra y siniestra.
Entraban y salían, desgarrando una y otra vez la carne deshecha a su paso. Una y otra vez.
Y por si acaso no cabiera más dolor...los gritos desgarradores en sus tímpanos. Una voz tan agónica, tan...suplicante...tan aguda, que casi no parecía suya. Al menos...no podía reconocerla por si misma.
Sin embargo, sabía que sus labios estaban sellados, que su torturada e irreconocible voz, no había cruzado siquiera su garganta.
Sus ojos, increíblemente, no se habían movido de los marrones que la atormentaban. A pesar del dolor...de las miles y millones de aplanadoras que aplastaban cada rincón de su cuerpo mutilado, quemado.
Los huesos rotos, increíblemente sanos. La piel arrancada de cuajo, recubriendo al completo sus destrozados músculos, que sin embargo no habían recibido un sólo golpe.
Algún rinconcito de su mente recordaba que nada de ello era real. Pero se sentía tan real. Debía de serlo...al menos, en alguna forma.
Pero por otro lado, al mantener sus ojos fijos, inmóviles, sabía que no importaba si era real o no. Si sus órganos estallaban realmente y sus vísceras se esparcían por allí. Seguiría todo siendo igual.
Al fin y al cabo, una sola palabra pronunciada por un par de labios y el frío aterrador de esos ojos marrón profundo, era suficiente.
Era incluso peor que un billón de crucios.
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lunes, 10 de marzo de 2014
Morsmordre
Verde, brillante...tan distante como el firmamento...pero presente, imperturbable. Tácita. Verde enfermo, enfermizo, enfermante...angustiante. Verde esperanza. Una esperanza muerta entes de nacer.
Rojo, escarlata, carmín como labios henchidos de apasionados besos de un amante fiel. Rojo, muy rojo, en sus propias manos, su rostro, su cuerpo...
Y negro. Negro cual abismo. Oscuro, impenetrable...negro que da miedo y asusta, negro como una noche sin luna, sin estrellas...negro de desesperación, de soledad. De muerte. Negro como su alma.
Tres colores que se mezclaban entre sí. Tres colores que eran lo único que su mente recordaba. Uno tras el otro. Primero verde, luego el interminable rojo de la sangre y negro...más negro, todo negro. Y así, una vez tras otra. Y los gritos. Porque no distinguía más que su cuerpo ensangrentado en un borrón rojo. Pero no podía olvidar los gritos. No podía acallarlos. Suyos. Su propia voz, desgarrada.
Y el silencio. Un silencio cruel, más infame que los propios gritos, y mucho más aterrador. Increíblemente acorde al total y desquiciante negro.
Casi que lo prefería. Casi.
Todavía recordaba el horror...el dolor. El olor de sangre impregnado en sus uñas. Si...lo recordaba, pero sólo era un eco. Como quien recuerda el significado de una palabra, pero ha perdido el sentimiento.
Todo lo que sentía ahora era esa soledad acuciante. Profunda. Vagamente sabía que sus propios brazos envolvían su cuerpo, pero era etéreo. Nada más que conocimiento puro, llano e inútil.
Todo era soledad. Soledad, frío y silencio.
Dónde estaban los recuerdos? Dónde estaba todo ello que venía antes del verde? Ah, claro...los había borrado. Claro que si. Para que recordarlo.
Y en su lengua...el pálido y dulce sabor de la muerte, intenso y ahumado.
No importaba que hicieran con ella, quien le hablara, dónde la llevaran....sus labios sólo repetían una frase.
Morsmordre.
~*
Rojo, escarlata, carmín como labios henchidos de apasionados besos de un amante fiel. Rojo, muy rojo, en sus propias manos, su rostro, su cuerpo...
Y negro. Negro cual abismo. Oscuro, impenetrable...negro que da miedo y asusta, negro como una noche sin luna, sin estrellas...negro de desesperación, de soledad. De muerte. Negro como su alma.
Tres colores que se mezclaban entre sí. Tres colores que eran lo único que su mente recordaba. Uno tras el otro. Primero verde, luego el interminable rojo de la sangre y negro...más negro, todo negro. Y así, una vez tras otra. Y los gritos. Porque no distinguía más que su cuerpo ensangrentado en un borrón rojo. Pero no podía olvidar los gritos. No podía acallarlos. Suyos. Su propia voz, desgarrada.
Y el silencio. Un silencio cruel, más infame que los propios gritos, y mucho más aterrador. Increíblemente acorde al total y desquiciante negro.
Casi que lo prefería. Casi.
Todavía recordaba el horror...el dolor. El olor de sangre impregnado en sus uñas. Si...lo recordaba, pero sólo era un eco. Como quien recuerda el significado de una palabra, pero ha perdido el sentimiento.
Todo lo que sentía ahora era esa soledad acuciante. Profunda. Vagamente sabía que sus propios brazos envolvían su cuerpo, pero era etéreo. Nada más que conocimiento puro, llano e inútil.
Todo era soledad. Soledad, frío y silencio.
Dónde estaban los recuerdos? Dónde estaba todo ello que venía antes del verde? Ah, claro...los había borrado. Claro que si. Para que recordarlo.
Y en su lengua...el pálido y dulce sabor de la muerte, intenso y ahumado.
No importaba que hicieran con ella, quien le hablara, dónde la llevaran....sus labios sólo repetían una frase.
Morsmordre.
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miércoles, 5 de marzo de 2014
Injusta
Te la pasas gritando todas las noches que queres.
Te enojás conmigo si por las noches no hablo en susurros.
Por qué no te vas bien a la mierda?
~*
Te enojás conmigo si por las noches no hablo en susurros.
Por qué no te vas bien a la mierda?
~*
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