lunes, 29 de julio de 2013

Esperanza

No había nada. No quedaba nada. Todo estaba vacío, sin vida. Mirar dentro suyo era como observar un campo yermo. La tierra muerta,  los arroyos secos. Era ver un cielo sin colores, una noche sin estrellas, el día sin el sol. Su alma era una tarde de verano sin brisa, era un crudo invierno sin el amparo del día. Era una noche cruenta sin el reparo de esperar el amanecer. No había nadie. Sólo recuerdos quedaban. Fantasmas. Su corazón era un cementerio, lleno de sombras, noches insomnes y fantasmas. Las memorias buenas se habían ido. Como todos. Como todo lo demás. Ya no había ni dolor. Ni tristeza. Ni amor. Nada.
Era un recipiente vacío. Un cuerpo con vida, sin vida.
Era unos ojos sin brillo, una sonrisa por escudo.
Era.
Caminaba por instinto, reía por instinto. Vivía porque su cuerpo inerte lo hacía.
Y día a día, ese prado que al principio había luchado por sostener, estaba cada día más en ruinas. Ya no había por que luchar, si todo estaba perdido. Hasta las pocas fuerzas le habían abandonado.
Y se dejaba ser, y se dejaba estar. Se miraba al espejo, pero no se veía. Nada.
Enajenada en su nada absoluta, caminaba entre otros seres sin ver. Ni adentro suyo, ni en el mundo que la rodeaba, había algo. Nada que cambiara su inexplicable y estéril vida.
Y mientras su cuerpo, con su sangre aún caliente, y corriendo por sus muertas venas, seguía comunicándose con el mundo, ella estaba allí. En su nada misma. Sola. Mirando sin ver, oyendo sin oír, hablando sin hablar. Y pensaba. Pensaba en ella, en su vida, en su no vida. Nada la sacaba de su falta de asombro, de su sinsabor. Para ella ya nada quedaba por encontrar, ya nada había que buscar. Ya nada había. Que podría encontrar afuera si...si probar ya había probado? Si buscar ya lo había hecho? Todo, todo, era insulso.
Entonces, cuando ya no quedaba nada y mientras miraba sin ver, vio algo. Un pequeño destello, muy rápido, muy corto. Pero ahí estaba.
Sus ojos, veloces, pero por tanto tiempo dormidos, se fijaron en esa pequeña luz. Y no lo podía creer. Se acercó despacio, curiosa. Y con todo el miedo que hacía mucho no sentía, tomó coraje que no solía necesitar y aparentando la más fría de sus apariencias; siendo ese ser inerte que solía; abrió sus labios y no lo hizo sólo por hablar.
Sólo que nadie más que ella lo supo. Sólo que nadie más que ella y su pequeña luz lo supieron.
Mientras que por su prado corrió como sus inexistentes piernas no recordaban haberlo hecho y allí lo vio...y lloró, de alegría. De asombro. De todo eso que no sentía. Algo había cambiado. Algo había.
Todavía era tan débil, pero estaba ahí. ESTABA AHÍ.
No podía creerlo pero así era.
En el centro de su absoluto vacío, un diminuto rayo de luz había penetrado. Y bajo su tibio calor, y con todo el esfuerzo que debía suponerle estar allí, simplemente estar...la vio.
Como un nuevo brote, como si apenas la semilla hubiese eclosionado; apenas un tallito verde y una hojita diminuta; había nacido.
Y como tantas cosas que había creído muertas, inexistentes...la esperanza se había abierto paso.


Hika ♥  (cansada de no escribir)

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